06/02/2018
La Real Academia Española (RAE) es la institución encargada de velar por la unidad y la coherencia de la lengua española. A lo largo de su historia, ha adaptado sus normas y diccionarios para reflejar el uso mayoritario y culto del idioma. Sin embargo, en los últimos años, algunas de sus decisiones y posturas han generado debates significativos en la sociedad hispanohablante. Dos de los temas más comentados han sido la reclasificación de ciertos signos gráficos y, de manera mucho más intensa, su posición respecto al lenguaje inclusivo, especialmente tras la solicitud de un informe sobre su aplicación en textos de gran relevancia como la Constitución española.

La RAE, fundada en 1713, tiene como lema «Limpia, fija y da esplendor». Esta misión implica una labor constante de observación y registro de la lengua en uso, así como la elaboración de normas que sirvan de referencia para los hablantes. Sin embargo, la naturaleza cambiante del lenguaje y las demandas sociales contemporáneas ponen a prueba esta labor, generando puntos de fricción y discusión sobre cuál debe ser el papel de la Academia en la evolución del español.
- Adiós a 'ch' y 'll' como letras: Un Cambio Ortográfico Clave
- El Debate del Lenguaje Inclusivo: Postura de la RAE ante la Constitución
- Contexto Histórico y Legal: Presión Europea por un Lenguaje No Sexista
- Análisis Crítico de la Postura de la RAE
- El 'Sentimiento Lingüístico' vs. la Realidad de la Percepción
- El Impacto del Masculino Genérico en las Mujeres
- La RAE como Testigo del Cambio, No Impulsor
- Comparativa: Postura RAE vs. Evidencia y Recomendaciones
- Conclusión: Fomentar el Cambio desde la Sociedad
- Preguntas Frecuentes sobre la RAE y el Lenguaje
Adiós a 'ch' y 'll' como letras: Un Cambio Ortográfico Clave
Uno de los cambios más notables y, quizás, menos controvertidos de las últimas décadas se produjo con la publicación de la Ortografía de la lengua española en 2010. En esta obra, la RAE y las academias de los demás países hispanohablantes acordaron una modificación importante en la consideración de los signos 'ch' y 'll'. Históricamente, estos conjuntos de letras habían sido tratados como letras independientes dentro del abecedario español, ubicándose después de la 'c' y la 'l' respectivamente. Esto tenía implicaciones, por ejemplo, en la ordenación alfabética de las palabras en los diccionarios.
Sin embargo, desde un punto de vista estrictamente lingüístico, 'ch' y 'll' no son letras individuales, sino dígrafos. Un dígrafo es un conjunto de dos grafemas o letras que representan un único fonema, es decir, un solo sonido distintivo en el sistema fonológico de una lengua. Otros ejemplos de dígrafos en español son 'rr' (aunque solo aparece entre vocales), 'gu' (ante 'e', 'i') y 'qu' (ante 'e', 'i'). La decisión de 2010 simplemente formalizó lo que ya era una realidad fonológica y gráfica: 'ch' y 'll' son combinaciones de letras, no unidades básicas del abecedario.
La exclusión definitiva de 'ch' y 'll' del abecedario oficial no significó que dejaran de existir en la escritura o que su pronunciación cambiara. Simplemente, se unificó el criterio con otras lenguas que usan el alfabeto latino y se simplificó la ordenación alfabética, que ahora sigue el orden tradicional letra a letra (c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z). Las palabras que comienzan con 'ch' o 'll' se ordenan ahora dentro de la 'c' y la 'l' respectivamente, como en la mayoría de las lenguas. Este cambio, aunque implicó una adaptación en la forma de concebir el abecedario, fue presentado como una medida de coherencia interna del sistema ortográfico y de convergencia con estándares internacionales.
El Debate del Lenguaje Inclusivo: Postura de la RAE ante la Constitución
Mucho más complejo y polarizado es el debate sobre el lenguaje inclusivo, un tema que busca visibilizar la presencia de las mujeres y la diversidad de género en el idioma. La RAE se vio directamente interpelada en este debate cuando, a principios de 2020, hizo público su “Informe sobre el uso del lenguaje inclusivo en la Constitución española”, elaborado a petición del Gobierno. Este informe ha sido objeto de un análisis profundo y ha generado controversia tanto por su contenido como por la metodología y los criterios empleados.
La postura central del Informe, según se desprende de la información proporcionada, es que el texto constitucional utiliza un español correcto desde la perspectiva del «uso mayoritario por los hispanohablantes». La RAE sostiene que, de acuerdo con el «sentimiento lingüístico de los hispanohablantes de todo el mundo», el masculino genérico —es decir, el uso de formas masculinas para referirse a grupos mixtos o a personas de género no especificado— «abarca o incluye a las mujeres». Además, el Informe señala que no está entre las funciones de la Academia el impulsar cambios lingüísticos, sino más bien atestiguar y normativizar el uso ya extendido.
Contexto Histórico y Legal: Presión Europea por un Lenguaje No Sexista
Para entender la solicitud del informe y el contexto del debate, es crucial revisar la historia reciente de las recomendaciones internacionales y la legislación española. Ya en la década de 1990, el Consejo de Europa comenzó a recomendar a sus países miembros la promoción de formas verbales que no invisibilizaran a las mujeres. Argumentaba que la práctica lingüística que hace «predominar lo masculino sobre lo femenino» constituye un obstáculo para la igualdad, ya que «oculta la existencia de las mujeres, que son la mitad de la humanidad, y niega la igualdad».
Estas recomendaciones no se limitaban a lenguas con género gramatical como el español, sino que se extendían a todas las lenguas europeas, reconociendo que a lo largo de los siglos se han fijado mecanismos de invisibilización simbólica de las mujeres. El masculino genérico es uno de esos mecanismos, quizás el más evidente en español.

Organismos como la UNESCO y la Unión Europea también se han pronunciado en el mismo sentido, remarcando que el sexismo lingüístico dificulta la igualdad. En España, la Ley Orgánica de 2007 para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres recogió estas directrices europeas, estableciendo la obligación de los poderes públicos de «implantar lenguaje no sexista en el ámbito administrativo» (art. 14.11). Más recientemente, en mayo de 2019, el Consejo de Europa instó a los países miembros a reescribir sus leyes fundamentales utilizando lenguaje no sexista, promoviendo el uso desdoblado (ciudadanos y ciudadanas) o formas neutras.
Fue en este contexto de creciente demanda social e institucional que la vicepresidenta del Gobierno solicitó a la RAE en 2018 «adecuar la Constitución a un lenguaje que incluya a las mujeres», adelantándose así al apremio explícito del Consejo de Europa.
Análisis Crítico de la Postura de la RAE
La respuesta de la RAE a esta solicitud, basándose en el «uso mayoritario de la comunidad hispanohablante», ha sido criticada precisamente porque las recomendaciones institucionales surgen porque ese uso mayoritario tiende a invisibilizar a las mujeres. Si el uso no sexista fuera ya mayoritario, no habría necesidad de intervención legislativa o recomendaciones. Apelar al uso mayoritario como justificación para no promover el cambio parece, para algunos críticos, perpetuar el problema que se busca corregir.
Además, cuando el Informe alude a que la RAE recomienda opciones lingüísticas en virtud de su «prestigio o su desprestigio entre los hablantes escolarizados», se argumenta que incurre en un razonamiento circular. Ser considerado un “hablante escolarizado” por la RAE a menudo implica, en primer lugar, seguir sus normas. Si la Academia se pronunciara a favor de ciertas formas inclusivas, es probable que los “hablantes escolarizados” las adoptaran, como ocurrió con cambios ortográficos previos.
El 'Sentimiento Lingüístico' vs. la Realidad de la Percepción
El Informe de la RAE afirma que expresiones con masculino plural como «los pasajeros del avión que resultaron heridos» o «descubrir a los culpables» son interpretadas como inclusivas de forma general, y que el «sentimiento lingüístico de los hispanohablantes» avala que el masculino genérico «abarca o incluye» a las mujeres.
Sin embargo, la información proporcionada destaca la existencia de numerosas investigaciones académicas que cuestionan esta universalidad. Estos estudios, basados en experimentos sobre cómo las personas interpretan realmente estas palabras masculinas referidas a personas, sugieren que, a menos que el contexto sea muy claro, el uso del masculino genérico tiende a evocar imágenes de hombres. Por ejemplo, al pedir a varones que imaginen a los sujetos de frases como «los pasajeros del avión» o «¿Cuál es tu músico favorito?», entre un 75% y un 90% reconoce haber imaginado solo o fundamentalmente a hombres.
Esta tendencia a imaginar predominantemente varones explica por qué, históricamente, al redactar textos como la Constitución, los constituyentes pudieron haber pensado principalmente en hombres, lo que llevó a formulaciones que no anticipaban la presencia de mujeres en roles como herederas al trono, ministras o presidentas, o que no consideraban explícitamente que artículos sobre el deber de trabajar o defender la patria aplicaran también a las mujeres.
El Impacto del Masculino Genérico en las Mujeres
Un aspecto crucial que, según el texto, el Informe de la RAE no aborda suficientemente es el impacto que el uso del masculino genérico tiene en las propias mujeres. Las investigaciones psicológicas realizadas en diversas lenguas que emplean este recurso (hebreo, francés, alemán, español) son, según la información, concluyentes y muestran efectos adversos, a menudo inconscientes.
Estos estudios señalan que las mujeres:
- Solicitan menos trabajos ofertados solo en masculino.
- Sienten que son menos idóneas para profesiones descritas únicamente con el masculino genérico.
- Se presentan a menos premios cuyas convocatorias usan exclusivamente el masculino.
- No se sienten representantes prototípicas de categorías profesionales nombradas solo en masculino.
- Recuerdan mejor las historias que no emplean masculino genérico.
- Se autoevalúan peor cuando los cuestionarios están redactados en masculino genérico.
- Se autoexcluyen más de promociones anunciadas en masculino genérico.
- En entrevistas de trabajo, se sienten menos identificadas con puestos nombrados en masculino genérico.
- No se sienten igual de bien recibidas en empresas que califican su puesto en masculino.
Además, el uso del masculino genérico puede dificultar que las niñas aspiren a trabajos nombrados solo en masculino y puede incluso producir una bajada en su rendimiento y esfuerzo en asignaturas como matemáticas. Aunque el uso del masculino genérico no tenga una intención sexista consciente, estos estudios sugieren que sí produce un «sentimiento lingüístico de exclusión» en las mujeres.

La RAE como Testigo del Cambio, No Impulsor
La RAE, según su propio Informe, no tiene la función de «impulsar, dirigir o frenar cambios lingüísticos». Se concibe más bien como una institución que observa y sanciona los usos que ya se han generalizado y consolidado en la comunidad hablante. Esta postura explica por qué, históricamente, la Academia ha tardado en incorporar al diccionario o la gramática usos que ya estaban extendidos socialmente.
El texto recuerda casos significativos donde esto ha ocurrido. En los años 90, ante la petición de incluir los femeninos de profesiones que solo figuraban en masculino (más de seiscientas), la RAE sugirió que la sociedad los usara y, una vez extendidos, se incorporarían a la Norma. Han pasado más de 30 años, y hoy el Diccionario de la Lengua Española (DLE) incluye una lista de profesiones con sus femeninos que se asemeja mucho a la que el Instituto de la Mujer aconsejaba en 1994.
Otro ejemplo es la definición de matrimonio. En 2005, antes de la aprobación de la ley de matrimonio igualitario, el entonces secretario de la RAE apeló a la definición vigente («unión de un hombre y una mujer») para oponerse a considerar matrimonio la unión homosexual. Hoy, el DLE ha añadido una segunda acepción: «unión de dos personas del mismo sexo».
De forma similar, la RAE rehusó durante décadas admitir la acepción de «género» en el sentido de «violencia de género». Actualmente, ha incluido una tercera acepción que define género como el «grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico», reconociendo así un uso socialmente extendido.
Estos ejemplos históricos refuerzan la idea de que la RAE tiende a seguir la evolución del uso, aunque con un decalaje temporal considerable.
Comparativa: Postura RAE vs. Evidencia y Recomendaciones
Podemos resumir las diferentes perspectivas sobre el masculino genérico y el lenguaje inclusivo presentadas en el texto:
| Aspecto | Postura de la RAE (Informe 2020) | Hallazgos de Investigaciones (Según el texto) | Recomendaciones Europeas (Según el texto) |
|---|---|---|---|
| Masculino Genérico | Incluye a las mujeres, basado en uso mayoritario y sentimiento lingüístico global. Es la Norma. | No siempre evoca imágenes de mujeres; el contexto es crucial. Puede generar exclusión inconsciente. | Constituye un obstáculo para la igualdad; debe evitarse para no invisibilizar a las mujeres. |
| Función de la RAE | Testigo del uso mayoritario; no impulsa cambios, más bien los sanciona si se generalizan. | Eventualmente incorpora cambios sociales significativos (profesiones, matrimonio, género). Su aval puede influir en el uso. | Instan a los estados a promover lenguaje no sexista, lo que implica impulsar cambios institucionales. |
| Impacto en Mujeres | No abordado explícitamente en el informe citado como un factor determinante de la Norma. | Numerosos estudios muestran efectos adversos en autoexclusión, percepción, aspiraciones y rendimiento. | La invisibilización es perjudicial para la igualdad. |
Conclusión: Fomentar el Cambio desde la Sociedad
Dado que la RAE «se limita a ser testigo del empleo colectivo mayoritariamente refrendado por los hablantes» en los procesos de innovación y cambio, el texto sugiere que la responsabilidad de impulsar un lenguaje más inclusivo recae en la propia sociedad. Fomentar activamente los usos que visibilizan a las mujeres y representan la diversidad humana es clave para que, con el tiempo, estos usos se generalicen y la RAE acabe por incorporarlos a la Norma.
El Informe de la RAE, paradójicamente, termina animando a ello al señalar que si los usos lingüísticos actuales se modifican y llegan a generalizarse, los diccionarios y gramáticas «deberían reflejar tales modificaciones». Esto implica que la evolución de la lengua no es solo una cuestión académica, sino un proceso dinámico en el que los hablantes tienen un papel fundamental.
Usar formas que reflejen los cambios sociales, como el reconocimiento de la igualdad y la diversidad, contribuye a adecuar la Norma lingüística a la realidad. Demostrar en la práctica que el sujeto de la historia y de la lengua no es exclusivamente masculino ayuda a dejar atrás una época en la que la invisibilidad y asimetría lingüística de las mujeres era el correlato simbólico de una subordinación social que ya no es aceptable.
Preguntas Frecuentes sobre la RAE y el Lenguaje
- ¿Por qué la RAE dejó de considerar 'ch' y 'll' letras?
- En la Ortografía de 2010, la RAE y otras academias decidieron excluir 'ch' y 'll' del abecedario porque son dígrafos, es decir, conjuntos de dos letras que representan un solo fonema, no letras individuales. Esto alinea el español con otras lenguas y simplifica la ordenación alfabética.
- ¿Cuál es la postura principal de la RAE sobre el lenguaje inclusivo, según su informe de 2020?
- La RAE sostiene que el masculino genérico, basado en el uso mayoritario y el sentimiento lingüístico de los hispanohablantes, ya incluye a las mujeres. Argumenta que su función no es impulsar cambios, sino reflejar el uso generalizado.
- ¿El uso del masculino genérico realmente incluye a las mujeres?
- Según estudios de investigación mencionados en el texto, aunque la RAE afirme que sí basándose en el 'sentimiento lingüístico', experimentos muestran que el masculino genérico a menudo evoca predominantemente imágenes de hombres, y su uso puede tener efectos adversos (como exclusión o menor aspiración) en las mujeres, incluso sin intención sexista.
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