09/09/2016
El 16 de abril de 1838, un conflicto estalló entre Francia y México, conocido popularmente como la "Guerra de los Pasteles" o, formalmente, Primera Intervención Francesa en México. El nombre, sin duda, es peculiar y evoca una anécdota casi cómica: la de un pastelero francés en Tacubaya, cerca de la Ciudad de México, que reclamaba el pago de unos bizcochos por parte de militares mexicanos, quienes supuestamente también causaron destrozos en su local allá por 1832. Esta historia, protagonizada por el señor Remontel, se convirtió en el relato más difundido sobre el origen de la guerra. Sin embargo, ¿fue realmente el impago de unos pasteles la causa que desencadenó un conflicto armado entre dos naciones? La respuesta es un rotundo no. El incidente del pastelero fue, en el mejor de los casos, un pretexto o la chispa que encendió un barril de pólvora acumulado por años de fricciones y ambiciones comerciales no satisfechas.
El reclamo del señor Remontel por 800 pesos era real, pero no era un caso aislado. Muchos otros comerciantes franceses en México también habían sufrido pérdidas y daños en sus negocios debido a la inestabilidad política y los constantes conflictos internos que azotaban al joven país tras su independencia. Estos comerciantes, al igual que Remontel, dirigieron sus quejas al embajador francés, el barón Deffaudis. Mientras que 800 pesos era una suma considerable para un comerciante, la cantidad total que Francia terminó reclamando a México ascendía a la enorme cifra de 600,000 pesos. Esta desproporción entre el incidente popular y la demanda final ya sugiere que las causas eran mucho más profundas y complejas que una simple deuda de repostería.
Más Allá de los Bizcochos: Un Pretexto Dulce
La anécdota del pastelero Remontel, aunque pintoresca y origen del nombre coloquial, sirvió como una excusa conveniente para Francia. En un México recién independizado y sumido en frecuentes revueltas y cambios de gobierno, los extranjeros con negocios a menudo se veían afectados por saqueos, daños o requisiciones sin pago. El gobierno mexicano, lidiando con su propia inestabilidad y falta de recursos, a menudo se mostraba renuente o incapaz de indemnizar a estos extranjeros por daños sufridos durante actos de facciones políticas internas. Francia, al igual que otras potencias de la época, consideraba que sus ciudadanos y sus bienes debían ser protegidos y, de ser dañados, indemnizados por el gobierno receptor.
El barón Deffaudis, representante francés, había estado presionando al gobierno mexicano desde 1836 para que atendiera las reclamaciones de los súbditos franceses. La suma total de 600,000 pesos incluía el reclamo de Remontel, pero también una multitud de otras quejas por daños y pérdidas sufridas por franceses a lo largo de varios años de inestabilidad mexicana. Para Francia, aceptar la responsabilidad por estos daños se convirtió en un punto de honor y una forma de afirmar su poder e influencia en América Latina. El incidente de Remontel, aunque pequeño en sí mismo, encapsulaba el tipo de agravios que Francia buscaba reparar, sirviendo como la gota que derramó el vaso, o mejor dicho, como el bizcocho que justificó la intervención.
Las Verdaderas Raíces del Conflicto: Ambiciones y Desencuentros
Las causas fundamentales de la Guerra de los Pasteles se encuentran en las tensas relaciones diplomáticas y comerciales que existían entre Francia y México desde la independencia mexicana en 1821. Francia, como potencia europea, tenía importantes ambiciones comerciales en el continente americano, especialmente en los nuevos países que emergían del fin del dominio español. Buscaba establecer acuerdos comerciales favorables que le permitieran acceder a los mercados y recursos de estas naciones.
Sin embargo, México, en un intento por consolidar su soberanía y proteger su economía naciente, se mostraba reacio a conceder privilegios especiales a países que no habían reconocido formalmente su independencia. Durante la presidencia provisional de Guadalupe Victoria (1824-1829), México se negó a otorgar rutas comerciales preferenciales o tratos especiales a naciones que no habían reconocido su estatus de país independiente. Francia fue una de esas naciones que tardó en reconocer plenamente la independencia mexicana, lo que generó fricciones iniciales.
A esto se sumaron incidentes que tensaron aún más la relación. Uno de ellos fue el fusilamiento de un ciudadano francés acusado de piratería en el puerto de Tampico en 1832. Aunque México argumentó que actuó conforme a sus leyes, Francia lo vio como un agravio y una muestra de desconsideración hacia sus súbditos. Estos eventos, sumados a las reclamaciones por daños a comerciantes y la falta de un tratado comercial satisfactorio, crearon un clima de descontento y frustración en el gobierno francés.
El Escalada Diplomática y la Amenaza Francesa
En 1838, la situación llegó a un punto crítico. Las negociaciones para un tratado comercial entre Francia y México fracasaron. El barón Deffaudis no estaba de acuerdo con ciertos artículos de tratados existentes entre México y España que, según él, limitaban las posibilidades de Francia o implicaban tratos preferenciales para España. Airado por el estancamiento de las negociaciones y la falta de respuesta satisfactoria a las reclamaciones de sus compatriotas, Deffaudis se retiró de México y regresó a Francia.
Su regreso no fue pacífico. Meses después, Deffaudis volvió a aguas mexicanas, pero esta vez acompañado de una escuadra de diez barcos de guerra. Su intención era clara: presionar militarmente al gobierno mexicano para que aceptara las demandas francesas. La flota se apostó frente a la isla de Sacrificios, cerca de Veracruz, el principal puerto comercial de México en el Golfo de México. Desde allí, Deffaudis lanzó un ultimátum al gobierno mexicano, exigiendo el pago de los 600,000 pesos y la concesión de ventajas comerciales antes del 15 de abril de 1838. Esta demanda de ventajas comerciales, que incluía el acceso al comercio minorista (prohibido a extranjeros en ese momento), era particularmente inaceptable para México, ya que perjudicaría enormemente a sus propios comerciantes.
Del Bloqueo a las Armas: La Intervención Militar
El gobierno mexicano, bajo el presidente Anastasio Bustamante, se encontraba en una situación difícil. Aceptar las demandas francesas implicaba ceder a la presión militar y perjudicar a sus comerciantes nacionales. Negarse significaba enfrentarse a una potencia naval superior. México ofreció pagar la indemnización de 600,000 pesos, pero en plazos, y se negó rotundamente a conceder las ventajas comerciales exigidas por Francia. Consideraba que la demanda de ventajas comerciales iba más allá de la reparación de daños y constituía una intromisión en su soberanía económica.
Al vencer el ultimátum el 15 de abril de 1838 sin que México cediera completamente a sus exigencias, Deffaudis ordenó al almirante Bazoche que estableciera un bloqueo naval efectivo de los puertos de Veracruz y Tampico. Este bloqueo, que duró ocho meses, tuvo un efecto devastador en la economía mexicana, ya que las aduanas portuarias eran la principal fuente de ingresos del gobierno. A pesar del perjuicio económico, México se mantuvo firme en su negativa a conceder las ventajas comerciales.
Ante la persistencia mexicana, Francia decidió escalar la presión militar. El 13 de noviembre de 1838 llegó a México una flota aún mayor, comandada por el contraalmirante Charles Baudin, nombrado ministro plenipotenciario. Esta flota incluía veinte navíos adicionales, lo que demostraba la seriedad de la determinación francesa. Baudin reiteró la exigencia del pago de los 600,000 pesos antes del 27 de noviembre. Al no cumplirse este nuevo plazo, las fuerzas francesas atacaron la fortaleza de San Juan de Ulúa, situada en una isla frente al puerto de Veracruz. La fortaleza, aunque un símbolo de defensa, no pudo resistir el poder de fuego de la armada francesa, y tras un bombardeo, se rindió. Este ataque marcó el inicio formal de las hostilidades militares de la Primera Intervención Francesa.
El Contexto de un México Vulnerable
Para comprender por qué México no pudo resistir eficazmente la presión francesa, es crucial considerar el estado interno del país en ese momento. México había alcanzado su independencia en 1821, pero las décadas siguientes estuvieron marcadas por una profunda inestabilidad política, luchas internas entre facciones (federalistas y centralistas), frecuentes golpes de Estado y una economía debilitada. El país carecía de un gobierno central fuerte y estable, un ejército modernizado y recursos financieros suficientes para enfrentar amenazas externas. La infraestructura era deficiente y la comunicación interna difícil.
Poco antes de la Guerra de los Pasteles, México había sufrido la trágica pérdida de Texas en 1836, lo que representó un duro golpe para el orgullo nacional y demostró la vulnerabilidad del país. La epidemia de cólera de 1833 también había diezmado a la población. En este contexto de debilidad interna, México era un blanco atractivo para las potencias extranjeras con intereses económicos y geopolíticos en la región. Francia, al igual que Gran Bretaña y Estados Unidos, buscaba expandir su influencia en América Latina, y la inestabilidad mexicana ofrecía una oportunidad para intervenir y asegurar sus intereses.
La dependencia del gobierno mexicano de los ingresos aduanales de puertos como Veracruz hacía que un bloqueo naval fuera una herramienta de presión extremadamente efectiva. Sin esos ingresos, el gobierno tenía aún menos capacidad para financiar su administración o su ejército. Esta vulnerabilidad económica y política fue un factor determinante que permitió a Francia llevar sus demandas hasta el punto de la intervención armada.
La Mediación Británica y el Fin Temporal
El conflicto, si bien se inició entre Francia y México, pronto atrajo la atención de otra potencia con grandes intereses en la región: Gran Bretaña. El bloqueo francés a los puertos mexicanos estaba perjudicando seriamente el comercio británico en el Golfo de México. Además, Gran Bretaña veía con recelo el intento francés de establecer una posición dominante en un área que consideraba de su propia esfera de influencia comercial. La lucha por el control y la participación en los mercados latinoamericanos entre estas dos potencias europeas era un elemento subyacente en la geopolítica de la época.
Ante la amenaza a sus intereses y la posibilidad de una escalada mayor, Gran Bretaña ofreció su mediación en el conflicto. El ministro británico Richard Pakenham llegó a Veracruz con una flotilla naval para facilitar las negociaciones. Su presencia y la presión británica fueron cruciales para que Francia y México llegaran a un acuerdo. El 9 de marzo de 1839, se firmó un tratado de paz en Veracruz. México acordó pagar la indemnización de 600,000 pesos, como había ofrecido inicialmente, aunque los franceses cedieron en sus demandas de ventajas comerciales unilaterales.
Con la firma del tratado, Francia levantó el bloqueo y retiró sus fuerzas. La Guerra de los Pasteles llegó a su fin, pero las consecuencias persistieron. La deuda de 600,000 pesos fue un lastre para la economía mexicana. Además, el hecho de que México tuviera que ceder ante la presión militar extranjera resaltó la necesidad de fortalecer el Estado y la defensa nacional. Irónicamente, el impago continuado de esta y otras deudas externas años más tarde sirvió como uno de los argumentos utilizados por Francia, entre otras potencias, para justificar la Segunda Intervención Francesa en México en la década de 1860, un conflicto mucho más prolongado y de mayor escala.
Conclusión
La Guerra de los Pasteles, a pesar de su singular nombre, fue un conflicto con causas serias y complejas. El incidente del pastelero Remontel fue meramente un pretexto conveniente para iniciar hostilidades. Las verdaderas causas radicaron en las profundas ambiciones comerciales de Francia en México, la negativa mexicana a conceder privilegios económicos a potencias que no habían reconocido su independencia, y una acumulación de reclamaciones por daños a súbditos franceses en un contexto de inestabilidad interna mexicana. La vulnerabilidad política y económica de México, sumada a la presión militar francesa y la competencia geopolítica con Gran Bretaña, configuraron el escenario que llevó a la invasión y el bloqueo de 1838. El conflicto demostró las dificultades que enfrentaba México para consolidarse como nación soberana y defenderse de las presiones extranjeras en un siglo XIX turbulento.
Preguntas Frecuentes sobre la Guerra de los Pasteles
- ¿Por qué se llama "Guerra de los Pasteles"?
El nombre proviene de la anécdota popular sobre un pastelero francés llamado Remontel, quien reclamaba al gobierno mexicano el pago por pasteles y daños en su local causados por militares. Aunque esta historia es famosa, fue solo un pretexto menor dentro de las causas reales del conflicto.
- ¿Cuánto dinero reclamaban los franceses?
Inicialmente, el pastelero Remontel reclamaba 800 pesos. Sin embargo, Francia, sumando las reclamaciones de otros comerciantes franceses por diversos daños, terminó exigiendo al gobierno mexicano la suma total de 600,000 pesos.
- ¿Quién era el pastelero Remontel?
Era un ciudadano francés con un negocio de pastelería (algunas fuentes dicen fonda o restaurante) en Tacubaya, cerca de la Ciudad de México. Su reclamo por pérdidas y daños se convirtió en el símbolo popular del inicio de la guerra, aunque no fue la causa principal.
- ¿Qué papel jugó Antonio López de Santa Anna?
Aunque no fue el presidente al inicio del conflicto (era Anastasio Bustamante), Santa Anna fue puesto al mando de las tropas mexicanas para enfrentar a los franceses. Participó en la defensa de Veracruz, donde resultó gravemente herido en una pierna, la cual tuvo que ser amputada.
- ¿Cómo terminó la guerra?
La guerra terminó gracias a la mediación de Gran Bretaña, cuyos intereses comerciales se vieron afectados por el bloqueo francés. Se firmó un tratado de paz el 9 de marzo de 1839 en Veracruz, donde México acordó pagar la indemnización de 600,000 pesos, y Francia levantó el bloqueo y retiró sus fuerzas.
- ¿Tuvo alguna consecuencia a largo plazo?
Sí. El pago de la deuda fue una carga para México. Además, el impago posterior de esta y otras deudas externas sirvió como justificación, años después, para una intervención francesa mucho mayor, la Segunda Intervención Francesa, que llevó a la imposición de un imperio.
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