El Origen de la Torta: Un Icono Chilango

03/01/2012

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La Ciudad de México, un crisol de sabores y tradiciones, alberga en sus calles un universo gastronómico inigualable. Entre puestos bulliciosos y aromas tentadores, emerge un platillo que se ha convertido en sinónimo de la identidad culinaria capitalina: la torta. Más que un simple emparedado, la torta es una experiencia, un compendio de texturas y sabores que satisface el hambre y deleita el paladar. Desde la icónica torta de tamal, conocida popularmente como guajolota, hasta las más elaboradas combinaciones de carnes, quesos y vegetales, este platillo representa la ingeniosa adaptación de ingredientes y técnicas para crear algo único y profundamente arraigado en la cultura local.

¿Quién fue el creador de las tortas?
Se dice que las tortas fueron creadas a finales del siglo XIX, específicamente en 1892 por un niño de once años llamado Armando Martínez Centurión, quien más tarde abrió la primer tortería de México en el número 35 del Callejón del Espíritu Santo, hoy Motolinía.

Las tortas son un pilar de la gastronomía callejera, encontrando su hogar natural en los puestos y establecimientos especializados conocidos como “torterías”. Estos lugares son verdaderos templos dedicados a la creación de la torta perfecta. Una tortería que se precie de serlo debe ostentar con orgullo su variado menú, usualmente expuesto en letreros vibrantes y coloridos, rotulados a mano, que anuncian un sinfín de posibilidades de relleno. Estos letreros no solo informan, sino que también forman parte del folclore urbano, invitando a los transeúntes a detenerse y explorar la vasta oferta. Pero, ¿cuál es la génesis de este emblemático bocado? ¿Cómo y cuándo nació la torta tal como la conocemos?

Índice de Contenido

El Contexto Histórico: Una Ciudad en Crecimiento

Para comprender el nacimiento de la torta, es fundamental situarnos en la Ciudad de México de finales del siglo XIX. La capital experimentaba un crecimiento demográfico y una incipiente industrialización. Con ello, una creciente población de obreros, estudiantes y trabajadores de diversas índoles llenaba las calles. Estas personas, con jornadas largas y a menudo exigentes, necesitaban soluciones prácticas y eficientes para alimentarse. Buscaban algo que fuera sustancioso, que aportara la energía necesaria para continuar con sus actividades, que tuviera un sabor agradable y, crucialmente, que fuera portátil. Un alimento que pudieran consumir rápidamente, de pie o sobre la marcha, sin necesidad de un lugar formal para sentarse o de utensilios complejos. En este contexto de necesidad y practicidad es donde, según los cronistas y la tradición oral, la torta encontró el terreno fértil para su aparición.

La Composición de un Clásico: Más Allá del Relleno

Aunque el relleno de una torta puede variar infinitamente, existen elementos que constituyen su esencia, una base que la define. El pan es, sin duda, el componente fundacional. La torta tradicional se prepara con un pan blanco específico, conocido como telera. La telera se caracteriza por su forma ovalada y las dos hendiduras longitudinales en su corteza, lo que facilita abrirla para rellenar. Su miga es esponjosa pero firme, capaz de soportar la humedad de los ingredientes sin deshacerse, y su corteza, ligeramente crujiente, aporta una textura agradable.

Dentro de la telera, se untan capas fundamentales que enriquecen el sabor y la consistencia: una generosa porción de mayonesa, que aporta cremosidad y acidez; aguacate, que suma untuosidad y ese sabor característico; y frijoles refritos, que dan cuerpo y un toque terroso y reconfortante. Sobre esta base, se colocan las verduras frescas: hojas de lechuga crujiente, rodajas finas de cebolla y jitomate jugoso. El toque picante, indispensable en la cocina mexicana, suele venir de la mano del chile chipotle o rajas en escabeche, que añaden sabor y un picor controlado.

Finalmente, el relleno principal puede ser cualquier cosa imaginable, desde cortes de carne asada, milanesa empanizada, carnitas, cochinita pibil, hasta embutidos como jamón o salchicha, pollo deshebrado, o incluso platillos completos como chilaquiles o, por supuesto, un tamal. Además, es común añadir algún tipo de queso, ya sea fresco, panela o manchego, para complementar el conjunto.

La influencia de la cocina europea, particularmente en la forma del emparedado y el uso de ingredientes como el jamón o la mayonesa, es palpable en la concepción de la torta. Sin embargo, la torta mexicana trasciende la simple suma de sus partes. Ha sido descrita, con gran acierto, como una “creación barroca”. Esta analogía resalta la complejidad y la riqueza de elementos que convergen en su elaboración. Se estima que una torta puede involucrar aproximadamente veinticinco componentes distintos. Y no se trata solo de los ingredientes; la habilidad del “tortero” u “operador” para rebanar, untar, acomodar y ensamblar cada capa en un orden preciso y riguroso es fundamental para lograr el equilibrio perfecto de sabores y texturas. Es un arte que se perfecciona con la práctica, donde cada movimiento cuenta.

El Presunto Creador y la Primera Tortería

La historia de la torta, como muchas tradiciones culinarias, se entrelaza con leyendas urbanas y relatos populares que se transmiten de generación en generación. Según una de las versiones más difundidas y aceptadas por cronistas de la Ciudad de México, el origen de la torta tal como la conocemos se remonta específicamente al año de 1892. Y lo más sorprendente es que el crédito de esta invención se le atribuye a un joven, casi un niño, de apenas once años de edad llamado Armando Martínez Centurión.

La necesidad agudiza el ingenio, y se dice que fue la astucia y creatividad de este joven Armando la que lo llevó a combinar los elementos disponibles para crear un alimento práctico y delicioso que rápidamente ganó popularidad. La historia cuenta que, tras el éxito inicial de su creación, Armando Martínez Centurión dio un paso más allá y decidió formalizar su emprendimiento abriendo el primer establecimiento dedicado exclusivamente a la venta de tortas. Nació así la mítica Tortería Armando.

La ubicación original de esta tortería pionera se encontraba en el número 35 del Callejón del Espíritu Santo. Este callejón, lleno de historia y tradición en el corazón del centro de la ciudad, es conocido hoy en día como la calle de Motolinía. En aquella época, la Tortería Armando ofrecía un menú inicial, quizás modesto comparado con las ofertas actuales, pero revolucionario para su tiempo. Las tortas que se vendían con gran éxito eran las de pollo, milanesa y jamón. Estos rellenos, sencillos pero sustanciosos, se convirtieron rápidamente en los favoritos de los estudiantes y trabajadores que transitaban por la zona, consolidando la torta como una opción de comida conveniente y apetitosa.

A pesar del paso del tiempo y las transformaciones urbanas, el legado de la Tortería Armando perdura. Aunque ya no se encuentra en su ubicación original del Callejón del Espíritu Santo, el establecimiento se ha mudado y continúa operando. Actualmente, la Tortería Armando se sitúa en la esquina de las calles Humboldt y Donceles, manteniendo viva la tradición que inició un niño visionario a finales del siglo XIX. Visitarla hoy en día es hacer un viaje en el tiempo, una oportunidad para probar las tortas que sentaron las bases de este fenómeno gastronómico y apreciar la evolución de un platillo que comenzó como una solución práctica y se convirtió en un emblema cultural.

¿Cuándo surgió la idea de festejar el Día del Niño?
La idea de festejar el “Día del Niño” surgió el 20 de noviembre de 1959, cuando la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tuvo una reunión en Ginebra, Suiza, en la que decidió reafirmar los derechos de los niños universalmente.

La Torta: Más Que un Alimento, un Fenómeno Cultural

La torta ha trascendido su función original de simple sustento para convertirse en un verdadero fenómeno cultural en México, particularmente en la Ciudad de México. Cada colonia, cada barrio, parece tener su tortería de cabecera, su estilo particular, su “secreto” en la preparación. La diversidad de rellenos es asombrosa, reflejo de la riqueza de la cocina mexicana. Existen tortas para todos los gustos y momentos: la torta ahogada de Jalisco (aunque con sus propias características), la torta de chilaquiles para empezar el día, la torta cubana (una opulenta combinación de múltiples carnes), la torta alemana (con salchicha), y un sinfín de creaciones únicas de cada tortero.

El ritual de pedir una torta, ver cómo se prepara al momento, sentir el calor que emana del comal donde a veces se calienta el pan o la carne, y finalmente morder ese emparedado contundente y lleno de sabor, es una experiencia sensorial completa. La torta no solo alimenta el cuerpo, sino que también nutre un sentido de pertenencia y tradición. Es parte del paisaje sonoro y olfativo de la ciudad, un ancla en la vida cotidiana de sus habitantes.

Preguntas Frecuentes sobre el Origen de la Torta

A continuación, abordamos algunas dudas comunes relacionadas con la historia de este platillo:

¿Es la historia de Armando Martínez Centurión la única versión del origen?

Si bien la historia de Armando Martínez Centurión en 1892 es una de las más difundidas y aceptadas por varios cronistas, el origen exacto de muchos platillos populares puede ser complejo y tener múltiples influencias o relatos. Es la narrativa más concreta que se ha documentado sobre la apertura de una tortería formal, lo que le da peso histórico, pero es posible que emparedados similares existieran de manera informal antes.

¿Qué diferencia a la torta mexicana de otros sándwiches o emparedados?

Las diferencias radican principalmente en el tipo de pan utilizado (la telera o, en ocasiones, el bolillo), la combinación específica de untables base (frijoles, mayonesa, aguacate) y la vasta y original variedad de rellenos, muchos de los cuales provienen directamente de platillos típicos de la cocina mexicana (carnitas, cochinita, milanesa, etc.). Además, el uso de chiles encurtidos o salsas es un sello distintivo.

¿Por qué se volvió tan popular la torta a finales del siglo XIX?

Su popularidad se explica por su capacidad para satisfacer las necesidades de una población urbana en crecimiento. Era un alimento:
Contundente: Aportaba muchas calorías y energía.
Portátil: Fácil de llevar y comer en cualquier lugar.
Accesible: Generalmente económica.
Deliciosa: La combinación de ingredientes era muy apetitosa.
Estos factores la hicieron ideal para obreros, estudiantes y personas con poco tiempo para comer formalmente.

¿Qué otros platillos callejeros surgieron en esa época?

Finales del siglo XIX y principios del XX fueron un periodo fértil para la comida callejera en México, adaptándose a la vida urbana. Si bien la torta es un ejemplo prominente, otras opciones como los tacos, quesadillas, pambazos y antojitos diversos también se consolidaron como formas rápidas y económicas de alimentación en las ciudades.

¿La torta de tamal (guajolota) es una torta 'original'?

La torta de tamal es una variante muy particular, emblemática de la Ciudad de México. Consiste en un tamal (usualmente de rajas, verde o mole) insertado dentro de un bolillo o telera. Aunque es una combinación que puede sonar inusual para quienes no son de la capital, es un desayuno muy popular y funcional. Es una evolución o adaptación de la torta tradicional, que demuestra la creatividad dentro de este género culinario.

La historia de la torta es la historia de la adaptación, la creatividad y la respuesta a las necesidades de una ciudad en constante movimiento. Desde su humilde origen en un callejón del Centro Histórico, supuestamente de la mano de un joven emprendedor, hasta convertirse en un símbolo de la identidad chilanga, la torta sigue siendo un platillo vivo, en constante evolución, pero siempre fiel a su esencia: un emparedado generoso, lleno de sabor e historia.

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